
Hay proyectos que disfruto especialmente no solamente por el resultado final, sino por la manera en que fueron concebidos.
Manantial, en Durango, es uno de ellos.
Hace algunos años llegó un cliente a través de nuestra página web. Tenía un terreno muy grande en la sierra de Durango, en un lugar llamado El Manantial, a un par de horas de la capital. Era un sitio rodeado de vegetación, con un desnivel hacia el fondo del terreno y un clima que cambia completamente durante el invierno, cuando las temperaturas bajan considerablemente y pueden presentarse nevadas.
Desde el principio pensé que el proyecto debía responder a esas condiciones.
Antes de decidir cómo quería que se viera la casa, tenía que entender cómo debía funcionar en ese lugar.
Una de las primeras preguntas fue cómo resolver la estructura y la cubierta para evitar problemas derivados de la nieve y la acumulación de hojas. La respuesta apareció en una geometría muy sencilla: una estructura en forma de A.
Este tipo de construcción, asociada en muchos lugares con las cabañas alpinas, permite que la nieve y las hojas resbalen naturalmente por la cubierta. Pero en este proyecto la forma no fue solamente una respuesta funcional. Terminó convirtiéndose en el elemento que le dio identidad a toda la arquitectura.
Decidí utilizar dos módulos de diferentes dimensiones.
El primero concentraría las áreas comunes: sala, comedor, cocina y un tapanco. El segundo contendría las recámaras y los baños.
Pero antes de colocar los edificios había que encontrar el lugar correcto.
Recorrí el terreno buscando una posición que permitiera construir sin tener que intervenir innecesariamente los árboles. Al mismo tiempo quería que la apertura principal de la casa enmarcara una vista muy particular: el barranco que se encontraba detrás del predio.
El propio terreno terminó indicándonos dónde debía estar la arquitectura.
Ese es uno de los aspectos que más disfruto del diseño arquitectónico: cuando el proyecto deja de ser una forma que colocamos sobre un terreno y comienza a convertirse en una consecuencia de ese lugar.
Incluso el módulo de las recámaras fue girado ligeramente. Con ese pequeño movimiento conseguimos darle mayor privacidad a la terraza sin sacrificar las vistas hacia el paisaje.
Puede parecer una decisión menor, pero en arquitectura muchas veces son precisamente esas decisiones las que terminan construyendo la experiencia de un espacio.
Para mí, diseñar consiste en decidir qué elementos deben tener mayor peso en cada proyecto.
En Manantial, la respuesta fue muy clara:
el entorno.
La naturaleza debía ser el elemento principal de las decisiones. La casa tenía que proteger a sus habitantes del frío, de la nieve y de las condiciones del lugar, pero al mismo tiempo debía permitirles experimentar ese paisaje.
No quería diseñar una casa que simplemente estuviera dentro del bosque.
Quería diseñar un refugio que formara parte de él.
La relación entre los dos módulos, las grandes aperturas de vidrio, las terrazas y la orientación de los espacios buscan precisamente eso: que el interior mantenga una relación constante con el exterior.
Este proyecto también tiene un significado especial para mí por la manera en que lo desarrollé.
Fue uno de los primeros proyectos que diseñé principalmente utilizando el iPad. Dibujé a mano isometrías, secciones y diferentes ideas antes de llevarlas posteriormente a Archicad.
Para mí fue una manera distinta de trabajar y también una forma de recuperar algo que disfruto mucho de la arquitectura: pensar a través del dibujo.
Con el tiempo, Manantial se convirtió en uno de los proyectos que más atención ha recibido dentro de mi portafolio. Desde que lo publiqué, muchas personas me han preguntado por él y continúa siendo uno de los proyectos con mayor número de visitas en mi sitio web.
Creo que parte de esa respuesta tiene que ver con que la arquitectura resulta fácil de entender cuando existe una relación clara entre la forma y el lugar.
En este caso, la forma de la casa no apareció por buscar una imagen determinada.
Apareció porque el clima, el terreno, los árboles y las vistas fueron tomando decisiones.
Y esa es quizá la enseñanza que más me dejó este proyecto:
antes de decidir qué arquitectura quieres hacer, observa qué arquitectura necesita el lugar.
Cuando el entorno se convierte en el punto de partida, muchas decisiones dejan de ser arbitrarias.
La arquitectura comienza a encontrar su propia forma.

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