
Mira.
Si hay algo con lo que los arquitectos solemos ser muy celosos es con nuestro equipo de obra.
Tal vez no lo digamos muy seguido, pero tener buenos elementos trabajando contigo puede hacer una diferencia enorme en un proyecto.
Y no solamente porque trabajen bien.
Un mal equipo humano en obra puede costarte mucho tiempo, dinero y muchos dolores de cabeza. Al final de cuentas, aunque tú no hayas hecho directamente el trabajo, la responsabilidad de lo que sucede en la obra sigue siendo tuya.
Pero un buen equipo te da algo todavía más importante: calma.
No puedes estar en todas partes
Los arquitectos normalmente no tenemos un solo proyecto.
Lo común es estar atendiendo tres o cuatro obras al mismo tiempo. Por eso es imposible estar todo el día en cada una, revisando personalmente cada cosa que se hace.
Necesitas confiar en las personas que están ahí.
Necesitas saber que, cuando tú no estás presente, alguien está cuidando el proyecto y tomando decisiones de acuerdo con la manera en que se debe trabajar.
Esa tranquilidad tiene muchísimo valor.
La confianza se construye con errores
Pero tener un buen equipo no sucede de un día para otro.
Un peón que acaba de llegar, un maestro nuevo o incluso un arquitecto recién egresado difícilmente puede saber todo lo necesario para resolver correctamente una obra.
La experiencia se construye trabajando.
Y muchas veces aprendemos precisamente porque algo salió mal.
Hubo obras donde nos equivocamos, trabajos que tuvimos que repetir, materiales que se desperdiciaron y decisiones que terminaron costando dinero.
Todo eso forma experiencia.
Con los años, esa experiencia comienza a convertirse en una manera de trabajar.
Y cuando llevas mucho tiempo trabajando con las mismas personas sucede algo todavía más interesante.
Construyes un sistema.
Cuando el equipo conoce tu manera de trabajar
Un buen equipo termina entendiendo tus procesos.
Sabe qué detalles cuidar.
Sabe cómo te gusta que se hagan determinadas cosas.
Sabe qué problemas pueden aparecer y, muchas veces, puede resolverlos antes de que siquiera llegues a la obra.
Entonces puedes empezar a delegar.
Puedes confiar una parte importante del proyecto a alguien que sabes que conoce tu manera de trabajar.
Y eso permite que el arquitecto pueda atender otros proyectos sin tener que estar físicamente en todos ellos todo el tiempo.
Incluso un nuevo trabajador puede incorporarse al equipo, aprender el sistema y, con el tiempo, convertirse en otra persona de confianza.
Así es como un despacho puede crecer sin perder completamente el control de sus obras.
También hay que cuidar al equipo
Pero esto funciona en ambas direcciones.
Si quieres tener personas que se comprometan con tu trabajo, también tienes que cuidar a esas personas.
Si constantemente los tratas mal, no tienes paciencia con sus errores o haces sentir que su trabajo no vale, probablemente terminarán buscando otro lugar.
Y cuando las personas se van constantemente, nunca tienes oportunidad de construir experiencia colectiva.
Por eso creo que una buena relación entre arquitecto, contratista y trabajadores no solamente mejora el ambiente de trabajo.
También mejora la obra.
¿Cómo saber si un contratista tiene un buen equipo?
Cuando estés buscando quién construya tu proyecto, no preguntes solamente cuánto cobra.
Pregunta también:
¿Quién va a construir mi casa?
¿Cuánto tiempo llevan trabajando juntos?
¿Quiénes son sus maestros?
¿Tiene personal de confianza?
¿Puedo conocer alguna obra que hayan construido?
Un equipo que lleva años trabajando junto no garantiza que nunca habrá errores, pero sí puede darte una señal importante: existe experiencia acumulada y una forma de trabajo que ya ha sido probada.
Porque una buena obra no depende solamente de tener buenos planos.
También depende de tener buenas personas para convertirlos en realidad.
En construcción, el equipo humano también forma parte del proyecto.
Antes de comenzar una obra, hay muchas decisiones que pueden afectar el resultado final.
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