La palabra “gentrificación” se escucha cada vez más. Está en boca de medios, activistas, vecinos y también arquitectos. Pero más allá del término de moda, lo cierto es que es un fenómeno urbano complejo, que va más allá de culpables fáciles como “los desarrolladores” o “el gobierno”.
Hoy quiero explicarte de forma sencilla qué es la gentrificación, cómo se origina y por qué nos involucra a todos.
¿Cómo se genera la gentrificación?
Hace 60 o 70 años, ciudades como Guadalajara estaban claramente delimitadas. Había municipios, pueblos y zonas rurales bien diferenciadas de la mancha urbana. Pero esa mancha creció. Los poblados fueron absorbidos por la ciudad y se convirtieron en colonias.

Con el paso del tiempo, muchas de esas zonas —que alguna vez fueron periféricas— quedaron en puntos cada vez más céntricos. Su valor aumentó. Y eso las hizo atractivas para los desarrolladores.
También hay otro factor importante: las intervenciones urbanas. Un parque deteriorado se convierte en un espacio moderno y limpio. Las calles empedradas son pavimentadas. Aparecen cafés de especialidad, cadenas comerciales, y los negocios tradicionales comienzan a desaparecer.
Las casas familiares —esas donde alguien nació, creció y crió a sus hijos— se venden. Se demuelen. Y en su lugar se construyen edificios con otro nivel socioeconómico. Esto no solo cambia la arquitectura: cambia la vida de quienes vivían ahí.

Con ello también se disparan los impuestos prediales, y muchas personas ya no pueden mantener sus propiedades. Entonces, venden. Y con ese dinero se van a las orillas de la ciudad a comenzar de nuevo.
Lo sé de primera mano.
Te cuento cómo es en realidad…
Hace unos ocho años compramos una vecindad en una zona de la ciudad que entonces era poco valorada. Estaba entre calles viejas, pero rodeada de nuevos desarrollos. Vimos una oportunidad.
Diseñamos un proyecto bien pensado, funcional, con calidad y respeto por el contexto. Poco a poco, otros hicieron lo mismo. En dos años, esa calle parecía otra: edificios nuevos, nuevas caras, nuevos negocios. Y los terrenos duplicaron su valor.
Un día, se nos acercó una señora que vivía a dos cuadras. Tenía un terreno amplio, y una historia aún más grande. Ahí había nacido, crecido, criado a su familia. Sus padres también. Conservaba sus escrituras originales de cuando Zapopan era todavía una villa, en 1910.
Pero estaba triste. El valor de su terreno había subido tanto que los pagos de predial eran insostenibles. No tenía más opción que vender, comprar algo más pequeño y vivir tranquila el resto de su vida.
Ese momento me marcó.
¿Quién tiene la culpa?
La gentrificación no tiene un solo culpable.
Es cierto que las políticas públicas y las inversiones privadas detonan el cambio, pero también lo es que muchas personas venden por necesidad, no por gusto. Y cuando hay inversionistas dispuestos a pagar mucho por un terreno, ¿quién puede culpar a alguien por aceptar?

Además, existe otro factor clave: la especulación inmobiliaria. Grandes desarrolladores compran a precios elevados, confiando en que el valor seguirá creciendo. Eso eleva aún más los costos de vida, dificultando el acceso a la vivienda para trabajadores, familias jóvenes y personas que sí quieren quedarse… pero no pueden.
¿Cómo solucionar la gentrificación?
La solución no está en frenar el desarrollo. Tampoco en culpar a los extranjeros. Está en crear oportunidades reales para que las personas no tengan que vender su patrimonio.
Nadie quiere irse de su barrio justo cuando empieza a mejorar. Pero cuando tu predial se multiplica y tus ingresos no, te orillan a hacerlo.
Necesitamos políticas públicas que:
- Incentiven la vivienda social digna dentro de la ciudad.
- Recuperen edificios abandonados para habitarlos de nuevo.
- Penalicen la vivienda vacía especulativa.
- Y sobre todo, que impulsen el trabajo digno y los sueldos justos.
La gentrificación es un síntoma. El origen está en la desigualdad.
Como arquitectos, ¿qué podemos hacer?
En Trignum Arquitectura creemos que no basta con diseñar bonito. Hay que diseñar conscientemente. Pensando en el contexto, en la historia del lugar, y en las personas que lo habitan.
Podemos trabajar con desarrolladores que piensen a largo plazo. Podemos proponer proyectos incluyentes. Podemos levantar la voz cuando algo no se siente bien.
La arquitectura tiene el poder de transformar. Pero esa transformación debe ser justa, respetuosa, y con alma.
¿Tú qué opinas?
¿Has vivido un proceso de gentrificación en tu colonia? ¿Crees que hay forma de desarrollar sin desplazar? Te leo en los comentarios.
Y si quieres seguir explorando estos temas, te invito a leer más artículos en nuestro blog.
El problema de vivienda en grandes ciudades



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