Mira.
Hace algunos años, un conocido me pidió que le ayudara a diseñar y construir una terraza y casa de campo en su terreno.
Hicimos los cálculos, estudios y preparativos necesarios para hacerlo correctamente, y yo realicé la construcción de la terraza, que era la etapa 1.
Terminamos la terraza sin problemas, pero cuando volví, me comentaron que tenían un pariente mistro que se había quedado sin trabajo y querían que yo supervisara la construcción de la casa.
En la terraza teníamos un puente largo que dejaba abierta la terraza.
Cuando regresé, estaban colocando un pilar porque el maestro les dijo que el puente estaba muy largo y que era mejor ponerle un pilar.
La viga estaba calculada y funcionando perfectamente, pero aquí es donde entra en juego algo muy común en la construcción: la costumbre de quedar bien hablando mal de los demás.
Así que, la manera más fácil que se le ocurrió a esta persona para quedar bien con el maestro fue haciendo eso.
Obviamente, me molesté porque no me consultaron, así que decidí que no seguiría supervisando esa obra.
Años después, me tocó ir de invitado a la construcción.
El proyecto arquitectónico había sido cambiado sin ningún criterio, la casa estaba mal resuelta y tenía muchos problemas de humedades y salitre.
Casualmente, en la terraza no había ningún problema de este tipo, así que me preguntaron cómo solucionar el problema del salitre.
El salitre es muy difícil de solucionar en algunos casos, e incluso imposible, porque la solución viene desde el desplante de la casa, entre el cimiento y el muro.
Este es uno de los muchos problemas que surgen cuando se construye con un maestro, y con uno que otro arquitecto que pasó dormido la carrera.
Creo que siguen, teniendo ese problema.
Si quieres construir una casa bien hecha y pensada hasta contra las humedades, envíame un mensaje.
Hasta aquí por hoy.
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