Hace mucho tiempo, trabajé en una empresa que fue para mí una verdadera escuela.
Pocos estudiantes tienen la oportunidad de comenzar a ejercer su carrera antes de terminarla.
Aprendí muchísimo, desde buscar, analizar y crear propuestas de inversión inmobiliaria hasta la construcción de estos proyectos.
Cuando comencé en esta empresa, tenía menos de un año de existir, así que teníamos muchas oportunidades de mejora en todos los aspectos, lo cual era muy emocionante.
Después de cinco años en esta empresa, creció mucho.
Los proyectos salían bien, teníamos sistemas y bastante estabilidad, y logramos proyectos exitosos en ventas.
Sin embargo, la empresa creció mal, a mi gusto.
Como suele pasar, comenzaron a contratar personas para dirigir la empresa, personas que ya traían sus vicios y malas formas de otras empresas, en lugar de consolidar nuestro sistema.
Así fue como estos nuevos jefes se dedicaron a buscar su propio beneficio y a querer meter a su “gente” que los respaldara.
Como fui uno de los primeros, me las vi muy negras; era el enemigo a vencer.
Y como era bueno para solucionar obras atoradas, me aventé años siendo el bombero, solucionando los problemas de otros que no hacían bien su trabajo.
Disfruté mucho la primera etapa en esa empresa, por lo que aprendí y porque me gustaba mucho lo que hacía.
Aguante mucho, pero esta última etapa era muy pesada.
Después de seis fraccionamientos y de supervisar más de 600 viviendas, vi que ya había aprendido lo que podía.
Decidí despedir a mis jefes por primera vez y formé mi primera empresa.
A lo que voy es que las empresas invierten mucho en traer nuevo talento, pero poco en mantener el actual.
A veces, es mejor tener personas que estén dispuestas a mejorar el sistema a otros que ya vienen con vicios y que quieren imponerlos.
Si tienes un proyecto en mente, estoy a un mensaje de distancia.
Hasta aquí por hoy.
Saludos.
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